domingo, 21 de mayo de 2017

TELEVISIÓN Y PUBLICIDAD:


La publicidad es la poesía del mundo moderno. Como dice Herbert Marcuse, los valores de la publicidad crean una manera de vivir. En televisión no hay cuñas publicitarias. Todo es publicidad; una fuerza omnipresente que programa la vida de los telespectadores,, los dirige y orienta narcotizándolos. Es un atraco psicológico. Duverger le llama "alienación con anestesia".
La publicidad, especialmente en televisión, semeja a un iceberg: 3/4 partes están sumergidas. Desde su escondite, sin ser vista, se hace oír curándonos de esa enfermedad sagrada, que es el "pensar".
Desde su escondite asaeta al inconsciente del telespectador, impactando allí donde se acumulan la memoria y los deseos, allí donde se estructuran los automatismos, los instintos y los hábitos. La Publicidad sabe que nuestra actividad subconsciente no sólo es automática, guiada por el principio del placer, sino que está diivorciada de las decisiones racionales. Mientras la lógica y el pensar duermen en el templo de Artemisa, las gentes buscan saciarse como las bestias convirtiendo lo supérfluo en necesidad, en el plano proclive hacia el incremento de las comodidades. Esta es la corriente en la que nada la publicidad. Según Marcuse, las gentes se valoran y se reconocen en sus merecancías; encuentran su alma en su automóvil, en el chalet, en los muebles de su cocina, en su aparato de alta fidelidad.
La televisión publicitaria apela a todo. No bastan los estudios de motivación, ni el milimetrado ajuste de la imagen, ni el añadido potenciador de una voz exacta. Se refuerza la zona del recuerdo; la fijación en la memoria se consigue por una frase, una palabra o un símbolo. Todo lo que pueda decirse simbólicamente y no lógicamente, mejor que mejor. La publicidad-TV utiliza en un lenguaje totalitario, una sintaxis muy dinámica, incurriendo en alardes y jactancias. A veces es tan agresiva, que sólo le falta agarrar por las solapas a aquellos de quienes desea hacerse oír.
El método básico de la publicidad televisiva consiste en la exageración. Mal está que una pasta de dientes carezca de las cualidades consignadas en su campaña publicitaria, o que los botes de Cola-Cao rebosen con exageración cuando, en el supermecado, vienen por la mitad. Televisión nunca será la responsable. Pero, ¿qué decir de nuestra RTVE convertida en jardín de infancia? Niños y niñas desfilan por la pantalla con la intención de despertar una correlación subconsciente entre el candor infantil y la pureza de lo anunciado.
Pero existen más inmoralidades. Existen otros campos publicitarios que TVE explota incurriendo en un totalitarismo más pernicioso: La publicidad del Poder.. Decir que el poder, desde la televisión, falsifica y mixtifica los valores, es insuficiente. Hay que entender más: Que tal falsificación se institucionaliza.
Desde el útero electrónico y paradisíaco de la televisión, el Poder ejerce un colonialismo ideológico impresionante, ¿cómo? Comerciando monopolísticamente, bajo la justificación de ser un servicio público. En RTVE hay mucho de historia ideal y poco de historia verdadera.
¿Es la máscara que TVE elige para enfrentar sus dilemas, para sonreír frente a la presencia turbadora e interrogativa de los ciudadanos españoles? Televisión española es publicidad en coexistencia idílica con el Poder, el dinero y la riqueza.

 
César R. Docampo, catedrático de Filosofía y Periodista por la antigua Escuela Oficial de Madrid.

-¿Ves esto? No necesita comer, ni se encapricha, ni siente celos, ni puede ir a un manicomio.

-¿Ves esto? No necesita comer, ni se encapricha, ni siente celos, ni puede ir a un manicomio. No se enfada. Se le dice algo y no lo olvida hasta que se le ordene que lo haga.
-¿Qué es eso?
-Un "GIGO": Garbage In, Garbage 0ut. "Basura, dentro; Basura fuera".
-Números y más números. Eso mismo lo hacíamos en mis tiempos jugando a las Siete y media. Programas "bucles", les llaman.
¡Felicidades, poeta! Vamos, sopla, dí algo humano para que este "on-off" del estuche se parezca a nosotros.
-Imposible. Nuestro cerebro tiene más de diez mil milones de neuronas, directa o indirectamente conectados, dando origen a miles de millones de bucles muy complejos.
Vosotros aprendisteis del ábaco chino. No os bastó una memoria electrostática, ni la máquina compuesta de relés electromagnéticos.Usais núcleos magnéticos. Vuestra máquina tiiene poderes de inducción, desbordan las dimensiones de la velocidad, puede mantener procesos pensantes, pero nunca extasiarse ante una rosa marchita, ni gozar contemplando la quilla de una golondrina, o los recuerdos inherentes en ese viejo sillón de vuestro abuelo.
Estamos creando un país de ceros; un país sin intimidad, lleno de telecámaras y micrófonos. Oh Torre de Babel.
-Nos agrada tu léxico. No te vayas.
-¿Dónde están vuestros ídolos?
-Murieron a balazos.
-¿Dónde están los héroes?
-No los hay. Dios los mató.
Y yo sueño pesadillas. Vuestro mundo se acaba. Teneis prosperidad, pero no hay orden. Haceis supercerebros, capaces de trenzar y destrenzar todas las crines del mundo. ¿Qué importa, si no sabeis hacer un verso? ¿Qué importa vuestra técnica, si el gatillo de cualquier revolver está a merced de un demente, y, el demente, a merced del dinero, y el dinero en manos libidinosas y grasientas.
"Pum, pum, pum". Sonaron secos los tres disparos. Manó la sangre, como el zumo de uva en el lagar, por todas partes.
El poeta sintió que lo encañonaban, que lo iban a matar, igual que a su compañero. En ese instante, dió un vuelco y...despertó. Caras, miles de caras, mirándolo, pronunciando su nombre, festejando por él.
Y los miró a todos. No conoció a nadie y prefirió seguir soñando que peregrinaba mientras llevaba en sus manos una piedra blanca. Toda su angustia se expresaba en no saber dónde dejar la piedra.
César R. Docampo

¿EXISTE UNA CIENCIA DE LAS ANTICIPACIONES?


Explica Aristóteles que, antes de que exista una cosa, es indispensable que exista el principio por el cual esa cosa es posible y tiende a los fines que le son propios.
El sabio griego llama "entelequias" a esos principios y hace depender de ellos la razón de ser de cuanto existe en el mundo, tanto en lo infinitamente grande como en lo infinitamente pequeño, lo que tiene existencia individual o forma conglomerados indiferenciados, lo que se mueve por sus propios medios o es movido por voluntades o fuerzas exteriores.
De acuerdo con con ese concepto del Universo, los frutos que penden del árbol están, en potencia, en la semilla, y ésta lo está en la entelequia que hace posible el árbol, la flor, los frutos y la misión que todo ello cumple en la evolución individual de quien los come, siendo, por lo tanto, perfectamente posible anticipar el resultado ulterior de una cosa, si conocemos la progresión que sigue la "entelequia" en que una cosa tiene su principio y, pudiendo saberse en el instante de partida lo que vamos a encontrar en el de la llegada. ¿Ha existido o puede existir una ciencia que provea tal conocimiento?
Los libros sagrados de todas las religiones afirman que sí, y los numerosos pronósticos que anticiparon con fidelidad lo que habría de ocurrir siglos más tarde, prueban su posibilidad. ¿Qué falta, o qué sobra, para que hasta ahora no se coordinasen los elementos y se estableciesen las reglas que capaciten a todos para servirse de esa Ciencia con la misma efectividad que lo hicieron unos pocos?
Toda ciencia está supeditada a las aptitudes naturales de quien se sirve de ella, y ni siempre produce los mismos resultados al ser aplicada por diferentes individuos, ni siquiera el mismo individuo logra iguales efectos si la utiliza en condiciones diferentes, ocurriendo, además, que no sólo no hay una ciencia que se baste a sí misma, sino que no existe cerebro capaz de conocer todo lo que una ciencia abarca. En lo que a la predicción se refiere, es fama que Colón impresionó profundamente a los aborígenes de Santo Domingo al anticipar con rigurosa exactitud el instante en que tendría efecto un eclipse.
Y, al ser la predicción una necesidad natural -y lo es por cuanto todo lo que ocurre en determinado instante, se vincula a algo que ha ocurrido en el pasado y ocurrirá en el porvenir, es evidente que tiene que existir un medio de satisfacer esa necesidad, medio que exigiendo el concurso de diversos factores y aptitudes, constituye una ciencia de las anticipaciones.
Aunque tal vez, sin que jamás se poseyese otra cosa que vislumbres de la Ciencia de que hablamos, es perfectamente legítimo aceptar que ha existido y existe. Y, si bien no todas las personas disponen de aptitudes para lograr iguales resultados de ella, a todos presta un constante y valioso servicio.
Y nos preguntamos: ¿A base de qué disciplina será posible mejorar el conocimiento de esa ciencia a fin de aumentar la utilidad que rinde?

César R. Docampo.

lunes, 24 de abril de 2017

LA SEXUALIDAD BAJO EL CRISTIANISMO: DE SAN PABLO A LA PASTORAL POSTRIDENTINA.



Al ritmo que se agravaba la crisis del Imperio Romano, se fueron desarrollando, en su seno, una serie de religiones que aspiraban a traspasar sus inciertos  "límites" y a convertirse en creencias de validez universal, gracias a la canalización de ese sentimiento de debilidad que generalizó el Estoicismo. Entre ellas, fue el Cristianismo el que acabó por imponerse sobre el resto.

Una de las primeras regulaciones que de la actividad sexual realizaron los cristianos, se debe a San Pablo, en la ordenación que efectuó de los pecados en la primera Epístola a los Coríntios, entre los cometidos contra el propio cuerpo, encontramos los denominados delitos contra la carne o, mejor aún, contra la virtud de la castidad. Pueden ser de cuatro tipos: "Pornoi"  (fornicarii, en latín), que hace referencia al mantenimiento de las relaciones sexuales fuera del matrimonio, especialmente en los lupanares (fornix) con prostitutas. La adulteratio o seducción de la mujer de otro; la "Malakoi" o  "Mollitia", que se entendía como la pasividad en el acto amoroso, aunque acabó designando lo que actualmente entendemos por masturbación. Y los masculorum concubitores o relaciones homosexuales masculinas.

Esta primera codificación de todos los actos referidos al sexo, que desde entonces se incluyeron bajo la denominación común de   "concupiscencia", supuso una absoluta novedad con respecto al mundo greco-romano. Desde entonces se opuso el sexo a la virtud de la virginidad y a la castidad, siendo calificado de malo y pecaminoso. A partir del texto de San Pablo, comenzó en Oriente y Occidente el  "combate por la castidad", y la exaltación de la virginidad. 

La Cristiandad llegó a dividirse en dos grupos opuestos: Los partidarios del matrimonio como institución legitima para alcanzar la virtud de la castidad, con San Agustín a la cabeza, que entendía el vínculo conyugal como mal menor ("es mejor casarse que quemarse"  dice San Pablo). Frente a ellos, algunos padres de la Iglesia, como S, Jerónimo, propusieron la negación de cualquier acto relacionado con la generación y propugnaron la renuncia de sí y del mundo. El movimiento ascético que se desarrolló en Oriente  (Egipto y Siria), entre los siglos III y IV de nuestra era, debe considerarse como una profundización y puesta en práctica de las ideas de esta segunda corriente. Los hombres ebrios de Dios, los "atletas del desierto", los "campeones de la renuncia", constituyeron un peculiar grupo de héroes del abandono entre quienes sobresalen San Antonio Abad y San Pacomio como anacoretas; los estilitas Simeón el Viejo y el Joven, los ramoneadores, estacionarios y otros como Santa María Egipciaca, San Alepo y San Talelo.

Con el hundimiento del Imperio Romano y la aparición de los reinos bárbaros  en el Occidente europeo, el influjo de la Iglesia se fue haciendo cada vez mayor, hasta que la conquista de la Hispania visigoda por los árabes, la configuración de la Europa Central y Nórdica, y las constantes invasiones de eslavos y normandos, fragmentaron, en un mosaico de pequeños y variados poderes, la Europa de la Alta Edad Media. 

En este mundo dividido y cambiante, encontramos las mismas corrientes del pensamiento sexual que se fraguaron a partir del siglo II en el Imperio Romano. De una parte, el monacato occidental, inspirado en el de oriente, y en lo referente al tema de la virginidad, en la obra de Evagrio de Ponto, que sirvió de base a Juan Casiano para la redacción del capítulo VI de sus instituciones; en ellas se especifican los ocho combates contra la fornicación, la inmunditia y la libido que debe sostener el monje, mediante el análisis pormenorizado de su propio pensamiento, para eliminar, paso a paso, la polución, incluso la involuntaria tenida en sueños, y así alcanzar la santidad y su valor y su olor particular, referente al tema de la virginidad.

De otra parte, la institución matrimonial, a lo largo de toda la Alta Edad Media, coexistieron dos tipos de alianza o compromiso conyugal.  El matrimonio real, muy frecuente entre la nobleza carolingia, consistía en un acto privado mediante el cual una faqmilia entregaba su hija a un noble a cambio de una dote  (donatio puellae). Se consumaba en el lecho conyugal deonde el padre de familia, rodeado de sus amigos, bendecía a la pareja;  la unión no era indisoluble, generalmente se realizaba por intereses y la Iglesia como institución no participaba en la ceremonia; Además, el señor feudal mantenía en el castillo para su solaz y divertimento, un grupo de mujeres ilegítimas o  "reserva del pacer", porque se entendía que el amor-pasión no debía estar asociado con la esposa y, según San Jerónimo, "el  hombre juicioso debe amar a su mujer con prudencia, no con pasión". 

A partir del siglo IX, la Iglesia intentó fijar un modelo matrimonial indiisoluble, que no llegaría a estrar listo hasta el comienzo del siglo XIII, cuando en el IV Concilio de Letrán (1215), se proclamó el caracter sacramental de esta institución y su indisolubilidad.

 Durante la Edad Media parece que el número de mujeres en los castillos feudales fue muy escaso. De aquí que, a comienzos del siglo XII, se desarrollara en Occidente la retórica del Amor cortés. El bajo número de mujeres y el peligro de adulterio real, dada la promiscuidad de los castillos, hizo que la nobleza aceptara e instaurara ese código que imponía a sus seguidores un amor idealizado y una renuncia a la relación sexual adúltera que podía ensombrecer la institución del matrimonio real, alianza y vínculo gracias al cual el grupo en el poder mantenía su pureza de sangre.
                                          César R. Docampo.

LAS NUEVAS DIMENSIONES DEL ESTADO IMPERIAL.



Si la dimensión de la polis, como estructura de poder, engendró y desarrolló la figura del héroe, individuo capaz de situarse en el vórtice eel juego de las relaciones de poder mediante la práctica del autocontrol de sí, tan pronto como el marco de la polis se sobredimensionó en el Imperio de Alejandro, la utopía del ser semidivino y superdotado, del joven  áristoi, vencedor de las Olimpíadas, se hundió con la misma rapidez que el imperio se fragmentaba en un mosaico de Estados enfrentados entre sí. Los antiguos ideales de la nobleza, y en particular la sofrosine como virtud que denotaba la ética de la moderación, fueron replanteados por la filosofía estoica durante el período helenístico, hasta acabar incrustándose en el corazón del Imperio Romano.

Las nuevas dimensiones del Estado imperial con su desmesura, hicieron dudar al héroe  de su propia capacidad, y la filosofía estoica fue socavando poco a poco, durante los dos primeros siglos de nuestra era, el compacto ideal de la antigua aristocracia griega; se generalizó la duda sobre el propio poder del individuo, que se fue empequeñeciendo frente a la inmensidad del Imperio, hasta que apareció  "la inquietud de sí". Ya no preocupaba tanto alcanzar el dominio sobre uno para hacerse con el poder en la colectividad, sino que las tintas se cargaban sobre la fragilidad del propio individuo, la perqueñez del hombre y su debilidad ante los diferentes males que podían destruirle; así comenzaron a desarrollarse prácticas de autocontrol,  austeridad y moderación sexual. Sin embargo, aún no se entendía el sexo como algo pecaminoso, sino que, en torno a él y bordeándole, se localizaban enfermedades y males que podían ser fatales para el ser frágil de los estoicos. 
Para reguardarse de esas asechanzas, el sabio debía regular su sexo, controlando su potencia y preocupándose, cada vez más, por la salud corporal, dando satisfacción a sus deseos dentro de la institución matrimonial, y absteniéndose de las relaciones homosexuales con los jóvenes, que comenzaron a entenderse como una palpable imperfección humana.

miércoles, 19 de abril de 2017

DE LA ERÓTICA PAGANA, A LA NEGACIÓN DE LA CARNE.




El ser humano se alejó del animal por medio del  "interdicto", la prohibición, esa capacidad de negar y negarse determinados actos inexistentes en las bestias. 

Uno de los primeros campos en que la humanidad instauró múltiple tabúes y prohibiciones fue el de la actividad sexual: casi todas las mitologías, y muy especialmente la griega, tan pronto como constituyeron un panteón antropomórfico, elaboraron divinidades mixtas, mezcla de animal y hombre, o bien admitieron mutaciones y metamorfósis de dioses en animales para corporeizar simbólicamente el desenfreno sexual o la pasión amorosa desmesurada. De ello son ejemplos Centauros, Sirenas, Lamias, Tritones o las numerosas metamorfosis que sufría cada vez que le dominaba el apetito sexual Zeus, el dios que había instaurado la Edad de la Ley, venciendo y sometiendo a su padre Cronos, en cuyos tiempos reinaba por doquier la sexualidad bestial y el canibalismo.

Con la superación del pensamiento mitológico y la aparición de la Filosofía  (del mito al logos)  los pensadores griegos se plantearon una y otra vez el tema de la sexualidad y pronto elaboraron un  "ars erótica". Es frecuente considerar a la sociedad griega como una civilización donde la libertad fue el principio imperante en el dominio de lo sexual, quizás influenciados por el discurso que a lo largo de los siglos impuso la Iglesia sobre el paganismo, sin embargo con sólo un primer acercamiento a los textos de sus filósofos, se descubre una realidad muy diferente. A la par que se organizó la Polis, los pensadores elaboraron todo un complejo entramado de reglas y prohibiciones para la práctica de los placeres.

Como ha estudiado M. Foucault, la filosofía del siglo IV, anterior a nuestra era, estableció el principio de contención y mesura en la sexualidad: El hombre griego que aspiraba a elevarse sobre sí mismo e instaurarse en la cúspide de la estructura social de la polis, gracias a la consecución del poder, debía practicar siempre a nivel individual, la moderación y tenía que regular los embates de la  "aphrodisía" (deseos y actos relacionados con la diosa Aphrodita y su culto), mediante un triple conjunto de técnicas:  Una Dietética o templanza que regulaba el momento óptimo para hacer uso de la  potencia sexual, con el objetivo de no agotarse físicamente ni poner en peligro la reproducción de la estirpe, y que aspiraba a lograr la continuidad de la familia en el ejercicio del poder.

Una Economía que obligaba más que a una fidelidad conyugal, a la continencia sexual al margen de la legítima esposa, para asegurar y mantener le preeminencia en la estructura jerárquica de la institución familiar. Y, finalmente la Erótica, que poco a poco, acabó por anular las relaciones homosexuales con los jóvenes, derivadas del sistema educativo característico de la cultura griega.

Platón planteó la necesidad de este triple conjunto de prácticas en el uso de los placeres para acceder a la Verdad. Sin embargo, los retóricos veían en esas técnicas los útiles inmejorables no sólo para el dominio de sí, sino para la consecución del poder en la Polis:  Porque primero es necesario gobernarse a sí mismo para, luego,  dirigir la comunidad.
                                                      César R. Docampo