miércoles, 19 de abril de 2017

DE LA ERÓTICA PAGANA, A LA NEGACIÓN DE LA CARNE.




El ser humano se alejó del animal por medio del  "interdicto", la prohibición, esa capacidad de negar y negarse determinados actos inexistentes en las bestias. 

Uno de los primeros campos en que la humanidad instauró múltiple tabúes y prohibiciones fue el de la actividad sexual: casi todas las mitologías, y muy especialmente la griega, tan pronto como constituyeron un panteón antropomórfico, elaboraron divinidades mixtas, mezcla de animal y hombre, o bien admitieron mutaciones y metamorfósis de dioses en animales para corporeizar simbólicamente el desenfreno sexual o la pasión amorosa desmesurada. De ello son ejemplos Centauros, Sirenas, Lamias, Tritones o las numerosas metamorfosis que sufría cada vez que le dominaba el apetito sexual Zeus, el dios que había instaurado la Edad de la Ley, venciendo y sometiendo a su padre Cronos, en cuyos tiempos reinaba por doquier la sexualidad bestial y el canibalismo.

Con la superación del pensamiento mitológico y la aparición de la Filosofía  (del mito al logos)  los pensadores griegos se plantearon una y otra vez el tema de la sexualidad y pronto elaboraron un  "ars erótica". Es frecuente considerar a la sociedad griega como una civilización donde la libertad fue el principio imperante en el dominio de lo sexual, quizás influenciados por el discurso que a lo largo de los siglos impuso la Iglesia sobre el paganismo, sin embargo con sólo un primer acercamiento a los textos de sus filósofos, se descubre una realidad muy diferente. A la par que se organizó la Polis, los pensadores elaboraron todo un complejo entramado de reglas y prohibiciones para la práctica de los placeres.

Como ha estudiado M. Foucault, la filosofía del siglo IV, anterior a nuestra era, estableció el principio de contención y mesura en la sexualidad: El hombre griego que aspiraba a elevarse sobre sí mismo e instaurarse en la cúspide de la estructura social de la polis, gracias a la consecución del poder, debía practicar siempre a nivel individual, la moderación y tenía que regular los embates de la  "aphrodisía" (deseos y actos relacionados con la diosa Aphrodita y su culto), mediante un triple conjunto de técnicas:  Una Dietética o templanza que regulaba el momento óptimo para hacer uso de la  potencia sexual, con el objetivo de no agotarse físicamente ni poner en peligro la reproducción de la estirpe, y que aspiraba a lograr la continuidad de la familia en el ejercicio del poder.

Una Economía que obligaba más que a una fidelidad conyugal, a la continencia sexual al margen de la legítima esposa, para asegurar y mantener le preeminencia en la estructura jerárquica de la institución familiar. Y, finalmente la Erótica, que poco a poco, acabó por anular las relaciones homosexuales con los jóvenes, derivadas del sistema educativo característico de la cultura griega.

Platón planteó la necesidad de este triple conjunto de prácticas en el uso de los placeres para acceder a la Verdad. Sin embargo, los retóricos veían en esas técnicas los útiles inmejorables no sólo para el dominio de sí, sino para la consecución del poder en la Polis:  Porque primero es necesario gobernarse a sí mismo para, luego,  dirigir la comunidad.
                                                      César R. Docampo

martes, 18 de abril de 2017

LA VOZ Y EL SILENCIO EN LOS MEDIOS SONOROS.




LA  VOZ  Y  EL  SILENCIO  EN  LOS  MEDIOS  SONOROS.


LA VOZ...:
Es el instrumento con el que los humanos nos expresamos habitualmente, por lo que no es de extrañar que en un medio como el que nos ocupa, emminentemente hablado, ésta sea, como se ha comentado en más de una ocasión, la  "columna vertebral" del sonido radiofónico. El profesor Balsebre advierte que ninguna de las materias primas que constituyen el lenguaje radiofónico es por sí misma fundamental para la producción, pero reconoce que la palabra es indispensable en la Radio. En este sentido, Balsebre sostiene que aquellos creadores que prescinden de la palabra en sus obras radiofónicas, rara vez consiguen un éxito comunicativo.

Ahora bien, en lo que podríamos calificar como la  "oscuridad radiofónica", es materialmente imposible ver la imagen del locutor que está transmitiendo un partido de fútbol o de aquel otro que está  "pinchando" el disco que más te gusta. Sin embargo, nada impide que, fruto de tu propia imaginación, puedas recrear en tu mente el rostro de quien te habla, su aspecto físico o su estado de ánimo. Es más, en el caso del partido de fútbol podrías visualizar, incluso, la velocidad a la que un jugador se dirige a la meta contraria con intención de marcar un gol. Y todo ello con sólo escuchar el sonido de su voz.

Esto es así porque, como consecuencia de la particular relación emisor/receptor que se da en la comunicación radiofónica, la voz se dota de una especial significación, ya que ésta es la única herramienta de la que dispone el locutor para transmitir es información complementaria (gestos, expresiones faciales, muecas, etc.), que siempre aparece en aquellas otras situaciones comunicativas en las que sí es posible ver su imagen, como por ejemplo, en el teatro, el cine o la televisión.

EL SILENCIO..:
En un medio sonoro por excelencia, como es la radio, hablar de silencio puede parecer, "a priori", ciertamente incongruente. Sin embargo, el silencio forma parte del lenguaje radiofónico y, al igual que los materiales hasta ahora tratados, es capaz de expresar, narrar, describir... El silencio aparece en la radio cuando se produce una ausencia total de sonido, es decir, cuando no hay voz, ni música, ni efectos sonoros, aunque su verdadero sentido sólo podrá ser captado a partir de la relación que la ausencia de sonido guarde con los elementos que la precedan o con aquellos otros que la sigan.

No obstante, la utilización del silencio es muy limitada, ya que, al no estar familiarizado con sus códigos, el oyente ha tendido a considerarlo como una información no deseada, como un fallo técnico, como un  "ruido"  o como una interrupción de la comunicación.
Y es que, en nuestra cultura, existe un marcado temor al silencio y, sobre todo, a aquellas situaciones en las que éste impera: varias personas en un ascensor, una casa abandonada, la sala de espera de un dentista, etc.

Volvamos al silencio en la radio, y examinemos sus posibilidades. Porque, como advierte el profesor Mariano Cebrián, catedrático de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid, este componente entra en la expresión radiofónica como un elemento más de mensaje. Supone una elección. Y en la elección se encuentra la posibilidad artística, expresiva.

Existen numerosas situaciones en las que podemos hacer uso del silencio, como por ejemplo para representar el estado emocional de una persona que decide dejar de intervenir en un diálogo; o para estimular la reflexión, cuando, ante un tema controvertido, el radiofonista realiza un silencio convidando a los oyentes a pensar sobre ello. Es más, el silencio, en ocasiones, puede ser construido con la ayuda de un sonido, como la recreación radiofónica de  "un mninuto de silencio" mediante el repique de campanas.

Pero, al margen de lo comentado, desde el punto de vista de la retórica, cuando el silencio afecta a la palabra, éste, como se señala en el libro  "Para entender la radio", del profesor Arturo Merayo, puede aparecer en múltiples formas o situaciones:Porque la voz es: Amistad, confianza, credibilidad, misterio, alegría, tristeza,  fealdad, miedo, seguridad..., etc. La voz es, en definitiva, todo lo que el oyente pueda llegar a imaginar.

César R. Docampo.



sábado, 15 de abril de 2017

LOS PUENTES ROTOS




Un abismo divide a una generación de otra. Es cosa suficientemente sabida.  Una distancia insalvable separa a los padres de los hijos, y parece que esto tampoco tiene remedio, por lo que se acepta como un problema natural. Ahora bien; `pienso que es más fácil que los padres comprendan a los hijos  -porque antes de madurar fueron jóvenes-  y no los hijos a los padres, ya que aquéllos nunca pasaron por la angustiosa situación que agobia a los adultos.

Es cierto que existen diferencias de ambiente  (costumbres, cultura)  determinadas ppor el progreso de los tiempos. Y también es cierto que ese avance, ese proceso de evolución lenta, tuvo lugar a medida que los mayores fueron creciendo en edad, y, al paso de su desarrollo, asimilaron las innovaciones y se adaptaron a los nuevos aspectos que presentaba la transformación natural que sufren las diversas épocas. Es un simple mecanismo de homeóstasis.

Los jóvenes, en cambio, nunca pasaron por esta experiencia. De donde se deduce que los adultos merecen por lo menos tanta consideración y comprensión como los jóvenes.  Si la juventud es el futuro, los adultos son el presente. Y, sin presente, es imposible edificar el porvenir, porque toda  construción se sustenta en sus cimientos.

Por consiguiente, es injusta la actitud de algunos jóvenes frente a los adultos cuando les califican  de  "viejos fósiles", de  "puretas", etc. ¿Por qué?  Por que se está afirmando que la juventud aboga por un mundo de más justicia, de más respeto a la persona humana, de más auténtica cultura para todos, de más diálogo. Ahora bien; el adulto es responsable y serio, mientras que, en gran parte de la juventud, no se van más que atropellos y arbitrariedades.

En todas las latitudes los jóvenes se rebelan contra las normas establecidas, contra las instituciones tradicionales, contra lo que llaman el sistema, el  "stablishment". Los jóvenes afirman que todo está en crisis, y acaso no les falte razón en esta acusación general, si se incluyen  -en élla- a ellos mismos. La juventud ha destruido todos los puentes: ha roto el puente que liga al pasado y da sentido de continuidad a nuestros actos; quiere derribar elpuente que une a una generación con otra y explica la superación de estapas pasadas; quiere socavar los cimientos del puente de la cultura y las costumbres que sustenta la histórica evolución de los tiempos; quiere dinamitar  los puentes de la moral, de la ética y de la religión, para encontrarse  ¿con  qué...?  No lo saben. No están contentos con nada, no les repugna su propia intimidad, y han perdido la fe en el futuro. 

Ante esta situación tan ca´çotica, vale la pena preguntar:  ¿Qué quieren los jóvenes?  ¿Dequé se  quejan?  ¿Por qué protestan?  ¿Cuál es el ideal que persiguen?  Nadie, que yo sepa, ha dado respuesta satisfactoria a estos interrogantes. Y, para aclarar muchos conceptos equivocados, sería bueno que algunos jóvenes fijasen, en el papel, sus ideas, y concretasen, de un modo claro, su pensamiento.

El esfuerzo y el sacrificio que han de realizar los jóvenes para prepararse, como es debido,  a  las exigencias del futuro, ha de ser extraordinario. De otra manera, es imposible hacer frente al reto que se avecina y que reclama una dedicación absorbente y una fortaleza sin límites. Pero no pueden ir por la vida a mamporrazo limpio, con alucinada sabiduría, creyéndose  "ayatollahs", o tendríamos que llenar las calles de escupideras.

Los jóvenes tienen que luchar denodadamente. Que no se llamen a engaños. Para obtener una mayor participación en la organización social, política, técnica y económica de la sociedad, es preciso preocuparse de un modo exigente.

Lo mismo que duros años de lucha, de estudio y de esfuerzo permanente,  les costó a los adultos de hoy  lograr la situación que ahora defienden con legítimo derecho.

                                                 César R. Docampo

jueves, 13 de abril de 2017



SOBRE  EL  LIBRO  DE  LOS  MUERTOS.


La reencarnación de la esencia humana empieza por la concepción. Es maravilloso el trío que inicia nuestra vida: Concepción, gestación, nacimiento. Resulta asombroso pensar que el hombre comienza como una célula, sujeto al veloz tiempo de las células y viviendo en el mundo de las células.

Es extraordinario saber que después de unos ochenta años termina su vida humana, sobrecargado de recuerdos. Los procesos internos que inicián la concepción son tremendamente veloces, pero conforme transcurre el tiempo, éste último se va volviendo más lento. Todos los procesos orgánicos se hacen más lentos.

Realmente existe la relatividad del tiempo;  la gestación humana  dura 10 meses lunares; La Infancia, 100 meses lunares; La vida, poco más o menos, 1.000 meses lunares. La huella Electro-Magnética que deja la vida de un hombre en el instante de la muerte, se imprime tremendamente en la concepción del feto.

El sendero de la vida está formado con las huellas de los cascos del caballo de la muerte. Muerte, juicio y concepción, constituyen un trío perfecto.

En el momento de la muerte  -dice una doctrina tibetana-  los cuatro sonidos llamados  "sonidos  que inspiran terror sagrado",  se escuchan así: el de la fuerza vital del elemento tierra, un sonido como el derrumbamaiento de una montaña; el de la fuerza vital del elemento agua, un sonido como el de las olas del océano; el de la fuerza vital del elemento fuego, un sonido como el del incendio de una selva; el de la fuerza vital del elemento aire, un sonido como el de mil truenos reverberando simultáneamente. El lugar donde uno se refucia huyendo de estos ruidos, es la matriz.

Cuando el zoospermo se une con el huevo, comienza la gestación. La célula con la cual comienza la vida humana, contiene 48 cromosomas. Esto nos habla claro de las 48 leyes que rigen el organismo humano.

La vida del ser humano en el mundo físico, es una repetición de la pasada vida más sus consecuencias buenas y malas. El tiermpo es redondo, y los acontecimientos se repiten, cada cual en su día y en su hora. Esa es la Ley de  RECURRENCIA. Todo vuelve a ocurrir tal y como sucedió, pero con sus consecuencias, tanto buenas como malas.

Esa es la Ley del Karma., la ley de acción y consecuencia. 

(Tomado del Libro de los muertos)



 

martes, 11 de abril de 2017

LA EPIFANÍA DEL ROSTRO Y LA VERDAD COMO JUSTICIA.




SI EL PAPEL DE LA FILOSOFÍA  no consiste en enunciar una verdad general, sino primordialmente en hacer aparecer la dimensión ética de toda palabra,en decir que ninguna puerta ni discurso alguno deben cerrarse en tanto un rostro y su expresión queden por acoger, no habría entonces ningún modo mejor de decir que  "la moral no es una rama de la filosofía, sino la filosofía primera.

El rostro es revelación del Infinito. Digamos primero que, en su desnudez, el rostro no es un símbolo o una metáfora que remita a una realidad distinta de él, como una subjetividad, un alma, etc.:  "Absolutamente presente en su rostro, el otro  -y no se vea aquí ninguna metáfora-  me da la cara".  No es una significación, sino el significante por excelencia, cual, expresándose en el cara  a cara, hace posible toda palabra.

Merleau-Ponty, siguiendo a Scheler, ya había afirmado que la dicha o la  cólera no son impresiones internas cuya expresión física no pasaría de ser un mero signo convencional. No tengo que aprender la significación de una sonrisa como aprendo el sentido de un vocablo: la benebolencia expresada forma cuerpo con esa sonrisa, es esa misma sonrisa. Ahora bien, ¿no habremos de remitir a esa expresión primera en contenido de todo discurso, si es cierto que la esencia del lenguaje, y del pensamiento que sobre él cabalga, consiste en salir de sí e ir al encuentro del otro para solicitarle?:  "La manifestación del rostro constituye el primer discurso. Hablar es, antes que nada, ese modo de venir de detras de la propia apariencia, de detrás de la propia forma, una apertura en la apertura". Si el sentido fuera razón universalmente y uniformemente presente, si subsistiera ya enteramente en la interiooridad de la conciencia, ¿debería comunicarse en el lenguaje?: "La  razón, única, no puede hablar a otra razón".  Porque  esa brecha del infinito en la finitud del discurso ya dicho, es lo que posibilita algo así como una REVELACIÓN.

PORQUE..., ACEPTAR LA PALABRA  DEL OTRO, ENTRAR EN DIÁLOGO, EQUIVALE A RECHAZAR la muerte y acoger el transcendente que pasa por el rostro pero que no tiene rostro propio, que es  "no rostro", ya que sobre el rostro humano no deja únicamente su "HUELLA". 

El transcendente, el infinito, Dios, se halla  "ausente" del mundo y del conocimiento: es el UNO, más allá del mundo y del ser.

César R. Docampo.

lunes, 10 de abril de 2017

LA JALOUSIE (LA CELOSÍA)



LA  JALOUSIE
(CELOSÍA)

Fue la tercera de las novelas de Alaín Robbe-Grillet (las otras dos, "Les Gommes y Le Voyeur, aparecieron en biblioteca breve con los títulos  de "La doble muerte del profesor Dupont" y  "El Mirón"), y en ella culmina la técnica del  "relato objetivo" característica del autor.

El narrador  -un marido que vigila a su mujer- ocupa el centro de la intriga y, por lo demás, permanece en escena desde la primera frase hasta la última, algunas veces ligeramente hacia  un lado, pero siempre en primer término: incluso con frecuencia se halla solo.

El lector, sin embargo, no le oye ni le ve nunca; sólo siente su presencia, que orienta todo cuanto le rodea, mide distancias y gestos e imprime al mundo su forma, su dureza y su peso.

Este personaje no tiene nombre ni rostro: es un vacío en el corazón del mundo, un hueco en medio de los objetos. Pero, como no hay ni una línea que no tenga en él su arranque o su término, ese hueco acaba siendo tan concreto y tan sólido, o quizás más, que el resto.

El otro punto de resistencia es la esposa del narrador, A..., la mujer cuyos ojos hacen desviar la mirada. Puede decirse que ella constituye el otro polo del imán que determina de un modo riguroso el dibujo según el cual se agrupan las limaduras.

Ese narrador irreductible y presente en todo momento no puede atender a la cronología. Para él cualquier escena es actual, o perdida. El campo de su percepción constituye el universo, "ahora y aquí".
Celosía llama el autor, forzando un poco el vocablo, a una especie de persiana que permite mirar hacia fuera y, para determinadas inclinaciones, desde fuera hacia dentro; pero cuando las láminas están cerradas, no se ve nada, en ningún sentido.  "Celosía"  se llamaba también - y se sigue posiblemente llamando en algún punto de España o América  -los celos, esa pasión para la cual nada se borra jamás: toda visión, por inocente que sea, queda inscrita en ella para siempre.                                       

LOS INFINITOS MUNDOS DE LOS SUEÑOS.



EL SUEÑO DE ASURBANIPAL.

El ejército  vio el río Idid'e, un torrente rugiente, y sintió temor de vadearlo. La diosa Ishtar, la que mora en Arbelas, envió en mitad de la noche un sueño a mi ejército y le dijo:  "¡Marcharé de Asurbanipal, el rey que yo he creado!". 

Mi ejército creyó en el sueño y cruzó el río sin obstáculos.

El sueño es autentificado por el hecho de haber sido soñado por un gran número de durmientes. Puede serlo también si la revelación que trae es reconocida como exacta, es decir, si la realidad confirma el mensaje del sueño, como sucede en el siguiente ejemplo, consignado por Plutarco y por Tácito.

La antigüedad clásica conoce una prueba aun más convincente de la veracidad de un sueño: la prenda recibida en sueños y que el durmiente encuentra a su lado cuando despierta. En Píndaro, Belerofonte sueña que Palas le trae un freno mágico parecido a una diadema de oro, con ayuda del cual podrá domar a Pegaso. Se despierta e inmediatamente se apodera del objeto  "de más", que no es de este mundo y que una divinidad ha despositado cerca de él. El tema es frecuente sobre todo en la antigua literatura nórdica.

En ocasiones, más sutilmente, la prueba dejada por el sueño desvanecido no es material, sino que, como el sueño mismo, es volátil, inaferrable, ambigua. En un breve relato chino, el joven Lieu de P`engcheng sueña que va a una casa pública, donde se embriaga en compañía de mujeres. Cada uno de sus sueños vuelve a llevarlo al mismo lugar de perdición. No obstante, se pregunta si realmente se trata de sueños, ya que los perfumes de las mujeres siguen impregnando sus vestimentas al despertar.

Otras veces, el sueño precede a la realidad. La anuncia o la prefigura con una exactitud sobrenatural. Es insistente y minucioso, y la realidad, más tarde, es dócil, servil: repetición alucinante del sueño anterior. De este nuevo tema daré dos ejemplos, uno antiguo y otro moderno, que tienen ambos las particularidad de ser presentados como auténticos. Todo los separa: los siglos, la distancia, la diferencia de tradiciones y culturas. Sin embargo, cada uno de ellos afirma de la misma manera que La Vida, en ocasiones, no hace más que reproducir las visiones de los sueños, ofrecer de ellos, legado el momento, algo así como un reflejo diferido, cuando no oscurecido. El primer relato es extraído de un memorial chino que recopila hechos extraños que habrían ocurrido bajo el dominio de los Tang. Se consigna allí que un joven letrado llamado Lieu Tao-tsi se detuvo, hacia 899, en el monsteerio de Kuo-tsing, sobre el monte T´ien T´ai. Allí soñó con una joven que estaba en un jardín, bajo una ventana, cerca de un ciprés inclinado, rodeado por girasoles. Soñó que juntos celebraban los ritos del casamiento y volvió frecuentemente a enontrarse de nuevo con ella, siempre en sueños. Pasó el tiempo. Un día, en otro monasterio, el joven reconoció el jardín, la ventana, el ciprés y los girasoles. En el lugar había un huésped de paso cuya hija pobre, bella y libre, había caído enferma hacía poco tiempo. Ella era lo que el letrado había desposado y a la cual acostumbrabaa visitar en sueños.

Suele ocurrir que un sueño sea soñado, relatado e interpretado en sueños.
                         César R. Docampo.