lunes, 15 de septiembre de 2014

CAMPILLOS (Málaga): La Transición (19)
NUEVO GOBIERNO MUNICIPAL.
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El domingo 25 de Enero de 1976, en el salón de Plenos del Ayuntamiento, votaron los concejales. Resultado: D. Juan Cantano Solís, 2 votos. D. César Rodríguez Docampo, 7 votos. Media hora después llamaban a la puerta de mi piso. Eran ellos con Caballero Mesa al frente que venían a entregarme la credencial firmada por el Secretario del Juzgado, con el VºBº del Juez. Dijeron que me fuese con ellos pues habían decidido llevarme a Peñarrubia y así mostrarme las ruinas del pueblo y las canteras de donde Dragados había extraído la piedra para construir los dos pantanos de Guadalhorce y Guadalteba, asunto espinoso, pues la piedra estaba por cobrar por falta de acuerdo entre las partes.
Bajando por la escalera, el conserje del Casino, Sr. Medina, me hizo señas para que acudiera al teléfono. Desde Málaga llamaba D. Baltasar Peña Hinojosa para felicitarme. El segundo en hacerlo sería el Gobernador, D. José González de la Puerta.
Paco Lozano, al que yo veía muy gozoso y resuelto, me hizo subir a su Citröen 2cv dyane y tomando la carretera hacia Ronda, pronto llegamos a Peñarrubia. Entramos por entre los restos de la calle Real hasta las aguas del pantano, recordando yo una escena muy reciente: Hasta allí mismo habíamos llegado con el equipo de TVE cuando vino a filmar El Guadalhorce para el programa Los Ríos. Mientras los cámaras montaban trípodes y se disponían a filmar, el realizador Castanier se había separado tratando de situarse. Enseguida retornó diciendo: “¡Vámonos! Éste no es el Guadalhorce; es el Guadalteba”. Otro tanto me dijo un concejal: “Vámonos, César. Queremos que veas otras cosas”. Y me llevaron hasta las canteras para hablarme del pleito que había con Dragados sobre la piedra extraída y que estaba sin cobrar. Me hablaron también de los problemas con Confederación Hidrográfica del Sur. En Campillos había obreros del campo en paro que solicitaban poder cultivar las tierras del vaso del pantano Guadalteba no cubiertas por el agua. ¡Dios santo! Si me preguntasen en aquellos instantes cuál era el sentimiento que me embargaba, diría: Aturdido, no; emocionado, tampoco. Estaba yo en una nube, pero no me sentía Peter Pan.
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Debo decir que aquella mañana, en el pueblo de Cuevas del Becerro, en circunstancias similares a las mías (quiero decir, no siendo el candidato de Falange) había sido elegido alcalde un hijo de Campillos, Alfonso Ruiz Padilla, profesor de EGB en aquel lugar. Me gustaría completar mis manifestaciones y recuerdos sumándoles las suyas. También en Cuevas del Becerro la Falange quiso aniquilarlo. Sí, he dicho aniquilarlo. Aun recuerdo lo que Alfonso, siendo ya alcalde, me dijo un día refiriéndose al candidato falangista al que había derrotado con los votos en la urna. Me dijo: “César; con aquel tío me crucé una mañana antes de la votación; iba o venía de cacería con la escopeta en la mano; al verme a mi, un algo dijéronme sus vísceras; me miró girando los caños de la escopeta hacia mí, prietos los labios, me hizo saber que, si pudiera, me pegaba dos tiros”. Estamos hablando de 1976, no de los años 40. Y así supe que entre nosotros dos había cosas en común. No sólo porque a partir de aquel momento estaríamos juntos en múltiples encuentros, sino que, de cien alcaldes que tenía la provincia de Málaga, éramos nosotros dos los únicos no adictos al viejo Régimen.
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Regresando de Peñarrubia, volvimos a pasar por esa recta entre la Granja “Piensos el Arquillo” y el puente sobre el ferrocarril. Esa planicie merece una pausa y un responso. Merece más: Un monolito, porque ahí hubo muchos muertos durante la Guerra Civil.
En ese lugar, un 15 de Agosto de 1936, los “rojos” mataron y quemaron a 21 personas del pueblo, entre ellas tres mujeres: dos hermanas Casasola Lasarte y otra más. A todos los habían conducido hasta allí con las manos atadas a la espalda. Por esa misma carretera y en ese lugar, el 13 de Septiembre de 1936, huían muchas gentes de Campillos, siendo perseguidas a tiros por las tropas del general Varela. En la refriega fue herido de muerte D. Juan Durán Molina, Alcalde de Campillos desde el 30 de Marzo de 1935 hasta el día 8 de Enero de 1936.
Pero permítanme, con todo el dolor, que les narre un hecho tremendo, explicable tan sólo desde un clima de guerra civil. Entre aquellas gentes que huían hacia Málaga (varones, mujeres y niños) escapando del tiroteo, iba un hombre cuya conciencia le decía que por qué escapaba si él no había hecho nada malo. Aquello carecía de sentido. Cuando ya iban lejos, entre Peñarrubia y Ardales, no lo pensó más y dijo a los que iban a su lado. “Yo me vuelvo, me voy para mi casa”. “Ándate con ‘cuidao’ -le dijeron-, no te vayan a matar”. Pero como su conciencia no le culpaba de nada, se dio la vuelta y encaminó los pasos en busca del pueblo. Cuando estaba entrando en la plaza de la iglesia, observó que en la esquina del Lamparilla había tres guardias civiles: la pareja y, algo apartado, el sargento. Fue hacia allí y se acercó diciendo:
-¡Buenas!
-¡Buenas!
-¡Que vengo a entregarme! –confesó.
Y dice uno de los guardias:
-¡Espérate aquí un momento!
El guardia se encaminó hacia el lugar donde estaba el suboficial y, cuadrándose, le dijo:
-Mi sargento; ése, que dice que viene a entregarse.
Entonces el sargento, desenfundando la pistola, se acercó al hombre y le ordena:
-¡Vamos! ¡Tira para el cuartel!
Cuando aquel buen cristiano se dio la vuelta e iba a dar los pasos dejando atrás el bordillo, va el sargento, levanta el arma y le metió un tiro en la cabeza. La conciencia limpia y la memoria lastimada, los sufrimientos, pequeños gozos, amores y querencias de aquel decente campillero alejábanse de un cuerpo que se orinaba, se orinaba y se orinaba… a poca distancia de un charco de sangre. (…) ¡Dios, ¿Dónde estás?!
Historias como ésta explican, no tan sólo la indignación, sino también el coraje y los comportamientos de muchos hombres y mujeres para no renegar de aquello en lo que creían, reafirmándose en sus tradiciones y en sus creencias. Lo digo porque siempre se habló de los “cambiachaquetas”, pero en Campillos parece y consta que de ese gremio hubo muy pocos. Valga una muestra. Se la oímos contar una vez a José Mª. Campos Pérez (q.e.p.d.), en la esquina del Bar Lamparilla. Nos relató José Mª. Campos el incidente de un obrero socialista de Campillos en la época de posguerra. Un día había sido llamado al Cuartel de la Guardia Civil. Cuando se vio frente al Comandante de Puesto que echaba mano de una carpeta y tiraba de papeles complicados, escuchó que le decían:
-Siéntate. Vamos a ver una cosa: tú que eras socialista…
-¡Alto ahí! -exclamó al instante aquel hombre corajudo; y corrigiendo al sargento, sin más ambages, le soltó-: ¡Que era, no! ¡Que soy socialista!
Aquellos grandes, negros y guapos ojos de José Mª. Campos Pérez, detrás de unas gafas de cristal grueso para miopes, nos escrutaban a los allí presentes, como el que dice: ¡Ea! ¿Qué os parece? ¡Ahí queda eso!
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http://lacomunidad.elpais.com/latabernadelosmares/2008/12/15/campillos-malaga-transicion-19-/ 2008-12-15T13:25:44Z César latabernadelosmares@yahoo.es

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