miércoles, 28 de enero de 2015

"MORIR AL LADO DE MI AMOR", BALADA DE DEMIS ROUSSOS






A la vez que  "Syriza"  y  "Podemos" remueven o inquietan el palenque político de España,  el romanticismo helenístico de 
Demis Roussos  (nacido también en Grecia y que acaba de morir)  nos brinda y ofrece su balada  "Morir  al  lado  de  mi  AMOR".  

Demis Roussos adoraba las mañanas de terciopelo, salvó a la sensualidad bizantina y prestó su voz a "Carros de fuego".

Con su fallecimiento, acaban de reconciliarse (desleyendo en un ramo de flores)  la lluvia, el AMOR  y las lágrimas.






domingo, 25 de enero de 2015

AL' ÉSJATON, PENÚLTIMA PALABRA SOBRE LA VIDA Y LA MUERTE.

… SERVIDA POR LOS OJOS DEL COSMOS. 
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          Imaginemos que el mundo sale súbitamente de la Nada. Si cerramos los ojos para escuchar, oiremos el silencio. Después, sonidos que nacen de ese silencio. Y si me valgo de mis ojos para ver la luz en todas sus formas, surgirá una configuración imponente, algo que vibra proveniente del espacio. Es el AMOR de una mirada que se apagó,  servida por los ojos del Cosmos,  aquí,  solamente en la Tierra.
               Semejante realidad no puede provenir de la NADA. Algo que empieza ahora y no en el pasado. Un pasado, que se va desvaneciendo en la memoria, tiene que ser el eco de una REALIDAD, en este caso PERSONAL, como la estela de un barco que va rezagándose en el agua hasta perderse sin, nunca jamás, desaparecer..., Queridas Juana Gómez Recio y Mª. Ascensión Padilla Recio,  nuestro AMOR.
             Así se encuentran nuestros familiares ya fallecidos aquí abajo. Lo más valorado y más querido para el resto de nuestras VIDAS:  Mª. Ascensión Padilla Recio y Juana Gómez Recio.  

REQUIESCANT  IN  PACE.


           
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            Era Al-Ésjaton una villa al noroeste de la provincia de Málaga, cerca de Teba (Teba la Roja, le decían). Si Teba había sido un pueblo montuoso y áspero, amurallado con fortificaciones y falsabragas, más un castillo medio ruinoso allá en la cima (el "Castillo de la Estrella", última palabra de otras guerras, según rezaba la leyenda). Y todavía recuerdo aquel día cuando, siendo novios Ascensión y yo, vino su prima Lucy Recio con nosotros, y comimos a la sombra del "Castillo de la Estrella". Desde esta "Teba la Roja",  a pesar de sus edificios nobiliarios como la Casa de la Emperatriz Eugenia de Montijo,  surcando campiñas y entrellanos cruzados por caminos de herradura y demás, a dos leguas de camino, surge espléndida y bien reclinada la villa de Al-Ésjaton. Hijos ilustres de Al-Ésjaton, el uno periodista y el otro historiador, la habían bautizado “Campochico” y ”Vilacampa” en novelas de ficción. Mas su nombre estético-socio-literario, sugerido por quien ha sido su primer Alcalde después de la muerte de Franco,  es el de Al-Ésjaton, que así lo atestiguaron el juez don Manuel Entrena, un veterinario (don José Agüera) y el cojo Rafael, tres cristianos bien avenidos,  con ojos de zahorí. 

          Era Al-Ésjaton un pueblo apacible, listo y feliz. Hasta que un día desapareció una niña que se llamaba Soledad. Algunos dijeron que se había sentado en el escalón de la puerta de su casa cuando estaba oscureciendo y que, de pronto, había visto en el suelo una Luz, una esfera de Luz en movimiento. La niña fue siguiendo aquella Luz hasta las afueras de Al-Ésjaton y nadie supo más de la chiquilla. La policía municipal y el pueblo entero la buscaron por todas partes. El púlpito de la iglesia parroquial aguantó siete domingos dirigiendo las admoniciones contra supuestas entelequias: que si los seriales de televisión, que si los forasteros, la trata de blancas, que si patatín que si patatán. La niña Soledad nunca regresó a su casa. Sospechaban algunos que anduviese por Ceuta, Melilla, Barcelona, Palafrugell, Palamós o Valencia. Fue entonces cuando el cojo Rafael, aquel hombretón de voz muy bronca y ojos de zahorí, que siempre era el primero en decir lo que pensaba, anunció: “Para mí... que,  a la muchacha,  la tienen en Gibraltar”. 
            

          En el número 26 de la calle Guzmanes, de Campillos, había una casa solariega donde vivía doña Rosalía Recio con sus sobrinos Paco y Juana. A esa casa acudían muchas tardes dos primas de la familia Recio: Luchy Recio Campos y Mª. Ascensión Padilla Recio. Sentadas en el patio interior junto al brocal del pozo, a la sombra de un granado, Luchy Recio y Ascensión Padilla, jugaban y reían, tocaban palmas y cantaban. La tía Rosalía, (hermana del abuelo Leonardo), de ojos azules y la frente despejada, peinada con un moño de brillante pelo, hacía encaje de bolillos junto a ellas, les ponía de merendar pajaritos fritos, les contaba cuentos, muchos, muchos cuentos, y les recitaba a Jorge Manrique: “Recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte, contemplando cómo se pasa la vida; cómo se viene la muerte tan callando…”. Y todo el Pueblo de Al-Ésjaton, en llegando la tarde,  siempre recordaba a la niña Soledad. 

          Una de aquellas tardes, las niñas Luchy y Ascensión, después de escuchar a la tía Rosalía, se pusieron de pie y, tocando palmas, cantaban: "Soledad se fue a la guerra, ¡ay qué dolor, qué dolor, qué pena! Soledad se fue a la guerra, no sé cuándo vendrá. Do-re-mí, Do-re-fa. No sé cuándo vendrá". 
          Una de aquellas tardes, el pueblo de Al-Ésjaton, escuchando el cantar de las dos niñas, se puso en pie recordando lo que había dicho el cojo Rafael. Y todos a una, desde La Casita de Papel hasta los cortijos del Puerto y Menaute; desde la fábrica de pieles ZERIMAR, campo de Fútbol y piscinas municipales hasta los barrios de La Pimienta y San Benito, todos los alesjateños, absolutamente todos, bien nutridos, tercos y corajudos, exhibiendo entre las manos un buen fajo de billetes, exclamaban: “¡Rescatemos Gibraltar! ¡Tomemos Gibraltar! ¡A por Gibraltar!”. 
          Y, aquella misma noche...,
       Trastornando su memoria, salían de sus casas extraviándose enfebrecidos por entre las oscuridades de los montes, por tierras de pinsapos, alcornocales y acebuches, hacia las sierras del Aljibe y Puerto Oscuro, dispuestos a invadir, asediar y conquistar el Peñón. Cuando consiguieron llegar a Puerto Oscuro, se asomaron desde lo más alto y, porque la oscuridad nunca tuvo el poder de entenebrecer la luz, la luz se abría paso en la oscuridad. 

          Estaban contemplando La Línea de la Concepción,  San Roque,  Los Barrios,  Algeciras, las luces de Ceuta y la isla Perejil, mas por ninguna parte veían Gibraltar. 
         -¿Os dais cuenta?  -gritó el cojo Rafael-: ¿Quién se lo habrá llevado, a Gibraltar y a nuestra niña Soledad? ¡Venga, vamos! ¡Decidlo! 

    Y comenzaron todos a vocear, agitados por el céfiro de la noche. En aquella destartalada asamblea se escucharon cientos de siglas: La CIA, la ETA, los GRAPO, IRA, Sendero Luminoso, la Canción del Olvido y Ramoncín. Eran ráfagas verbales que muy pronto acabaron en risas cuando alguien nombró a un tal Crespillo, un simpático muchachote de Al-Ésjaton. Y entonces, va y dice el veterinario Pepe Agüera: -¡Ése canta! ¡Basta un par de bofetones! ¡Dejádmelo a mi! 
      Advirtió alguien que se avisara al general Ballesteros, el de las guerras de la Independencia contra los soldados de Napoleón. Alguien propuso volver a editar “El Grito de Al-Ésjaton” (imitación de aquel “El Grito de Carteya”) para que el Gobierno de la Nación despertara de los laureles, convocara Elecciones Generales y acudiese en su ayuda para rescatar a la niña Soledad, secuestrada en Gibraltar. Y todos los allí presentes se prometieron reponer aquel programa radiofónico por nombre “El Mochuelo” para recaudar fondos. 
        En éstas, salta uno y dice:  ¡Que hable el señor cura!
        Y, al cura párroco (un curilla que llevaba siempre entre las manos un papamoscas cerrojillo) al momento le abrieron paso a empujones, subiéndose a un peñasco. El viento inflaba su balandrán e intentó poner algo de orden en aquella desconcertada asamblea. Propuso recoger firmas para pedir que trasladasen el Obispado de Cádiz a Algeciras, como hiciera la Bula pontificia de Clemente VI allá por los años de 1.344. Confesó estar seguro de que el señor Obispo, auxiliado con la gracia de la divina Providencia, sin esvásticas ni derramamientos de sangre, sería el único capaz de coordinar las operaciones encaminadas a rescatar el Peñón y traerse a la niña Soledad para su casa en Al-Ésjaton. 
... ... ... 
           
          Si cerráramos los ojos para escuchar a todos nuestros difuntos o desaparecidos, oiríamos el silencio. Después, sonidos que nacen de ese silencio. Y si me valgo de mis ojos límpios para ver la luz más esplendente en todas sus formas, surgirá una configuración exquisita, algo que vibra proveniente del espacio. Es EL AMOR DE UNA MIRADA que se apagó, pero la recordamos y queremos por siempre. Es la mirada de aquella "niña" que se llamaba Soledad, siendo su verdadero nombre el de Mª Ascensión Padilla Recio, Juana Gómez Recio, o tal vez Luchy Recio (que vive y vivirá en esta Tierra, entre nosotros, por muchos años siendo muy FELIZ, estoy seguro), no importa. De todas ellas, lo que más resalta y nos enternece es su mayestática luminosidad: El AMOR DE SUS MIRADAS.  Ofreciéndesenos por los OJOS DEL COSMOS.


  César R. Docampo