sábado, 16 de mayo de 2015

LA NUEVA TRIPULACIÓN QUE PISÓ LA LUNA.

Muy pronto hará 46 años, el 20 de Julio de 1969, alunizaba en el Mar de la Tranquilidad el módulo lunar de la misión Apolo 11.
 PRIMERO: El Presidente Kennedy, en su discurso del 25 de Mayo de 1961, se propuso como un reto de los EEUU llevar a un hombre a la Luna y, de este modo, ganar en la carrera espacial a la URSS, que les llevaba varios logros de ventaja en aquella batalla de la Guerra Fría. En ese discurso dijo a la nación americana: “Creo que esta nación debe asumir como meta lograr, antes del fin de esta década, llevar a un hombre a la Luna y hacerlo regresar a salvo a la tierra”. Y así fue. No fue uno, fueron tres. 
SEGUNDO: El ingeniero y su cohete. La NASA desarrolló el Saturno V para poder lanzar a las “Apolo, que eran las que finalmente llegarían a la Luna. Al frente del equipo se encontraba el doctor von Braun, un científico alemán que había desarrollado para el ejército nazi el cohete V-2 con los que bombardeó Inglaterra. Después de la Segunda Guerra Mundial, von Braun se puso al servicio de EEUU., que le perdonó todo su pasado al servicio del enemigo. En la imagen, von Braun posa con el Saturno V, que se usó en la misión Apolo 11. ¿Qué les parece la siguiente reflexión de Wernher von Braun sobre la ciencia ante la existencia de Dios?  TERCERO: Dimensiones. El Saturno V medía poco más de 110 metros y pesaba unas 3.000 toneladas. En la imagen, una ilustración para comparar el Saturno V con la estatua de la Libertad. Tripulación histórica, de izquierda a derecha: -El comandante Neil A. Armstrong. -Edwin E. Aldrin, piloto del módulo Lunar, el “Eagle”, encargado de alunizar. -Michael Collins, piloto del módulo de mando, el “Columbia”. Collins es el que no descendió a la Luna, sino que permaneció en el Columbia girando alrededor de la Luna a 100 kilómetros de altitud. En la imagen, los tres posando sonrientes en uno de los entrenamientos en tierra. Michael Collins no descendió a la Luna, sino que permaneció en el módulo de mando circunvalando la Luna a unos 100 kilómetros de altitud. Mientras Armstrong y Aldrin, dentro del “Eagle”, descendían, se posaban en suelo lunar... y, al final, realizaban la complicada tarea de alzar el vuelo para volver a ensamblarse con su nave el “Columbia”..., en todo ese tiempo, ¿qué hacía Collins? ¿En qué pensaba? ¿Cuáles eran sus emociones más intensas? Les ofrezco un párrafo tomado del artículo “Los conquitadores del Apolo 11”, escrito por John Carlin en “El País” del domingo (17-07-09). Escribe John Carlin: “El que no estaba participando de la fiesta era Michael Collins, que después escribiría que le daba a sus compañeros no más de un 50% de posibilidades de llegar a la Luna, despegar de ella y reconectar con su nave, la “Columbia”. Collins estaba mucho más nervioso que sus dos compañeros, aterrado ante la posibilidad (“viví un terror secreto”, confesaría más tarde) de que recibiera la orden de abandonar a Aldrin y Armstrong y volver a casa solo. El temor del astronauta lo compartía la casi totalidad de la especie humana. Si había existido una cierta duda sobre la capacidad del cohete Saturno de despegar de la Tierra, mucho más motivo había para pensar que aquel aparato, con pinta de juguete de lata, carecería de la potencia necesaria para ascender los 100 kilómetros que lo separaban de la “Columbia”. El recuerdo de los dos astronautas muriéndose en televisión, a cámara lenta, se conservaría en la memoria de Collins y en la memoria colectiva de la humanidad para siempre”. Pero hubo suerte y no fue así. . . . Cuando, en junio de 1971 el pintor antequerano (aunque nacido en Torre Alháquime) Cristóbal Toral se casaba con su mujer Marisa, boda que se celebró en Illescas (Toledo), Toral nos invitó a la boda a Ascensión y a mí. A esa boda de Cristóbal Toral también fue invitado y vino el astronauta Michael Collins. Todo en plan cósmico-astronáutico: El sobre-postal-invitación, así como el viaje de Madrid a Illescas. Algunos de ustedes recordarán aquellas imágenes que ofreció TVE al día siguiente en el telediario, en las que pudimos contemplar a Cristóbal Toral vestido de astronauta y conduciendo de pie una especie de OVNI descapotable, rodando desde la Plaza de Colón por el Paseo Recoletos, Cibeles, Banco de España, Paseo del Prado y bordeando la rotonda de la Estación de Atocha para salir por el Paseo de las Delicias en busca de la carretera hacia Toledo, a casarse con Marisa en Illescas. A Toral, en New York, le decían el pintor cósmico. No porque tanto él como Jesús Hermida se codeasen con los astronautas, sino especialmente porque, antes de pintar “La Aduana”, el pintor antequerano tenía asombrados a los críticos con sus cuadros siderales (paquetes perdidos en un espacio ausente de coordenadas). En casa de José María González, Ascensión Junto a Cristóbal Toral: En el verano de 1970, aprovechando que Toral se había acercado desde Nueva York hasta Antequera, el joyero José María González (que luego sería alcalde de Antequera por la UCD), él, su mujer e hija lo invitaron a cenar en su casa, y nos llamaron a Campillos invitándonos a Ascensión y a mí para que fuéramos a cenar con ellos y de camino yo hiciera un reportaje sobre Toral. Cristóbal Toral acababa de ganar el premio “Blanco y Negro” de pintura, al tiempo que disfrutaba de una beca Juan March para ampliar estudios y trabajar en Nueva York. En ese mi primer encuentro con Toral, durante casi dos horas de conversación entre los dos, recogí material suficiente para tres artículos que publiqué en “Sol de España” y “Pueblo”. En aquella interesantísima conversación, el selvático y muy rústico humanista e inmenso genio por nombre Cristóbal Toral, hablándome de su amigo el astronauta Collins, vino a exponerme esos mismos momentos de los que habla John Carlin. Y me dijo que él, en una de aquellas tantas conversaciones con Collins, le había dicho: “Vamos a ver, amigo Michael, tú allí solo, dando vueltas alrededor de la Luna..., ¿tú qué hacías, en qué pensabas, cuál era tu emoción más fuerte? Y me dice Toral que le había dicho Collins: “Escúchame bien... yo estaba viendo la planicie de la Luna en una especie de travelling circular, dando vueltas a su alrededor. Casi tocaba la Luna con las palmas de las manos. La tenía muy cerca de mí... y, allá, muy lejos, pero que muy lejos, estaba viendo a la Tierra. Mi emoción más fuerte, la más impresionante, la más capital y transcendente, no era sentirme cerca de la Luna, sino lejos de la Tierra”. Y añade Cristóbal Toral: -¡Hay que ver, amigo César; cuando todo un astronauta, con esa su escandalosa vocación hacia el espacio y, sin embargo, se siente tan aferrado a la Tierra, ¿cómo estaremos los demás...? ¡Aferradísimos! El contenido de aquella distendida conversación lo publiqué, por entregas en Sol de España y Pueblo. Cristóbal Toral, en agradecimiento, pintó un cuadro que me dedica de su puño y letra. El cuadro representa a un hombre (yo) sentado en un sillón y desintegrándose, ascendiendo hacia el espacio... hasta convertirme en un cuerpo sideral. Esta humanidad ha conquistado la Luna, pero ignora lo que tiene a su alrededor. Somos terrestridad. 
César R. Docampo

viernes, 15 de mayo de 2015

EL MAYOR GENIO DEL SIGLO XX-XXI: Cristóbal Toral



Cristóbal Toral, en la actualidad.

César R. Docampo...No estando de acuerdo con que el Instituto de Campillos lleve el nombre de Camilo José Cela (lo demostraremos con toda contundencia), propongo a uno de los hombres más geniales que, aunque circunstancialmente, nació en Torre Al-háquime, es un antequerano de pura cepa. Se llama Cristóbal Toral. Lo propongo, no porque me haya pintado a mí, en uno de sus cuadros, en agradecimiento a mis artículos sobre su persona; porque Ascensión y yo hemos cenado varias veces, con él en casa de un joyero de Antequera, o en Madrid nosotros tres (Ascensión, nuestro primer hijo Leopoldo y yo), con Cristóbal y Marisa, su mujer nacida en Segovia... Es que se trata de un genio, un fuera de serie reconocido mundialmente. Véanlo y más adelante hablaremos:

NOTA BENE: Cuando vean las fotos, pulsando encima, pueden ampliarlas y, además leer el pie de página (y así conocer a las personas junto a Toral)

http://www.cristobaltoral.es/spa/biografia.html







domingo, 3 de mayo de 2015

EN EL DÍA DE LA MADRE...



PERMÍTANME  ALZAR  MI  PAÑUELO,  ENTONANDO: ¡Viva el ser más hermoso de la Creación! ¡Viva  el  instinto  materno!  ¡Viva  la  madre  que nos parió!

A éllas, a todas las madres, les dedico "La canción de la Alegría", inspirada en el último movimiento de la Novena Sinfonía de Beethoven. Canta Miguel Ríos. 




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Una Madre es el  "ser"  que nos ha llevado durante nueve meses dentro de su vientre. Somos carne de su carne. Nuestras madres nos aman con todas sus glándulas, visceralmente. Cuántas noches sin poder dormir cuando a su chiquitín le estaban rompiendo los dientes. Cuánto AMOR y entrega, cuántos insomnios y desvelos. Por todo lo cual, si en alguna ocasión, viera que a su hijo lo acecha el  peligro, intentará sacarlo de allí "como fuere", incluso a guantazo limpio. 

Pues eso es lo que ha hecho la "Madre-Coraje de Baltimore".

¡Ole, una MADRE!

http://www.excelsior.com.mx/global/2015/04/29/1021413  
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César R. Docampo