lunes, 10 de abril de 2017

LOS INFINITOS MUNDOS DE LOS SUEÑOS.



EL SUEÑO DE ASURBANIPAL.

El ejército  vio el río Idid'e, un torrente rugiente, y sintió temor de vadearlo. La diosa Ishtar, la que mora en Arbelas, envió en mitad de la noche un sueño a mi ejército y le dijo:  "¡Marcharé de Asurbanipal, el rey que yo he creado!". 

Mi ejército creyó en el sueño y cruzó el río sin obstáculos.

El sueño es autentificado por el hecho de haber sido soñado por un gran número de durmientes. Puede serlo también si la revelación que trae es reconocida como exacta, es decir, si la realidad confirma el mensaje del sueño, como sucede en el siguiente ejemplo, consignado por Plutarco y por Tácito.

La antigüedad clásica conoce una prueba aun más convincente de la veracidad de un sueño: la prenda recibida en sueños y que el durmiente encuentra a su lado cuando despierta. En Píndaro, Belerofonte sueña que Palas le trae un freno mágico parecido a una diadema de oro, con ayuda del cual podrá domar a Pegaso. Se despierta e inmediatamente se apodera del objeto  "de más", que no es de este mundo y que una divinidad ha despositado cerca de él. El tema es frecuente sobre todo en la antigua literatura nórdica.

En ocasiones, más sutilmente, la prueba dejada por el sueño desvanecido no es material, sino que, como el sueño mismo, es volátil, inaferrable, ambigua. En un breve relato chino, el joven Lieu de P`engcheng sueña que va a una casa pública, donde se embriaga en compañía de mujeres. Cada uno de sus sueños vuelve a llevarlo al mismo lugar de perdición. No obstante, se pregunta si realmente se trata de sueños, ya que los perfumes de las mujeres siguen impregnando sus vestimentas al despertar.

Otras veces, el sueño precede a la realidad. La anuncia o la prefigura con una exactitud sobrenatural. Es insistente y minucioso, y la realidad, más tarde, es dócil, servil: repetición alucinante del sueño anterior. De este nuevo tema daré dos ejemplos, uno antiguo y otro moderno, que tienen ambos las particularidad de ser presentados como auténticos. Todo los separa: los siglos, la distancia, la diferencia de tradiciones y culturas. Sin embargo, cada uno de ellos afirma de la misma manera que La Vida, en ocasiones, no hace más que reproducir las visiones de los sueños, ofrecer de ellos, legado el momento, algo así como un reflejo diferido, cuando no oscurecido. El primer relato es extraído de un memorial chino que recopila hechos extraños que habrían ocurrido bajo el dominio de los Tang. Se consigna allí que un joven letrado llamado Lieu Tao-tsi se detuvo, hacia 899, en el monsteerio de Kuo-tsing, sobre el monte T´ien T´ai. Allí soñó con una joven que estaba en un jardín, bajo una ventana, cerca de un ciprés inclinado, rodeado por girasoles. Soñó que juntos celebraban los ritos del casamiento y volvió frecuentemente a enontrarse de nuevo con ella, siempre en sueños. Pasó el tiempo. Un día, en otro monasterio, el joven reconoció el jardín, la ventana, el ciprés y los girasoles. En el lugar había un huésped de paso cuya hija pobre, bella y libre, había caído enferma hacía poco tiempo. Ella era lo que el letrado había desposado y a la cual acostumbrabaa visitar en sueños.

Suele ocurrir que un sueño sea soñado, relatado e interpretado en sueños.
                         César R. Docampo.

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