lunes, 10 de abril de 2017

PERDIDOS EN LA NOCHE.

PERDIDOS EN LA NOCHE.


¿Por qué los padres, alguna vez comentan, entre extrañados e indignados, cómo los jóvenes han hecho de la noche el espacio de de sus vivencias? La noche, para los jóvenes, es un lugar de denuncia y rebeldía ante el paro y las dificultades de su inserción social. La noche es libertad y autonomía de los jóvenes. A veces un algo compensastorio de la dependencia familiar y de las dificultades para formar su familia propia.
A veces, la noche, pudiera ser un lugar de expresión de la Moda. Una forma de identidad y, al tiempo, espacio que oculta la debilidad del joven, o la inseguridad que en el fondo de sí tiene cada uno. También pudiera ser un espacio de la invisible violencia de los adultos, que facilitan la prostitución de jóvenes. O también ese espacio de la huida juvenil de un mundo en el que hay una carencia de proyectos comunitarios y de personal solidario. ¿No podría ser, la noche. una máscara que utilizan jóvenes y adultos para cubrir el miedo a un futuro nada claro?
La noche de las calles o de las cárceles, es un lugar normal en el que viven o vejetan jóvenes prostituidos, marginados, sin techo o prod¡cedentes de la cárcel.
España y, en general, los países mediterráneos, fueron siempre más "noctámbulos" que otros. Pero el fenómeno que ahora está ocurriendo es que los jóvenes emplean la noche más que el día en fines de semana, días de ocio y de vacaciones. Y, el fin de semana, ahora es salir el viernes por la tarde y volver el domingo de madrugada. La noche ya no es lo que resta del día, lo que sobra, sino lo que sustituye al día. En vacaciones sucede que los jóvenes se levantan casi a la hora de comer, durmiendo por la mañana, comen algo y se preparan para salir al atardecer, vivir la noche y retornar a casa de madrugada. Lo que está sucediendo es que en buena parte del mundo juvenil, se ha trastocado el tiempo, el día y la noche, y el sentido que se tenía de nocturno y diurno. El mundo de los adultos parece haber perdido la batalla sobre el control de los horarios, y le han ganado la guerra de la noche, que es el espacio de los jóvenes.
Incluso podríamos decir que, ahora, La Noche es más un espacio de jóvenes inocentes que de adultos golfos.
La noche es ahora "símbolo" del presentismo y seña clave de la identidad juvenil. La noche suspende los tiempos, el calendario y el reloj, aparca la disciplina y el control social, borra momentáneamente a los adultos y sus reglas. La noche posee también un vertiginoso potencial movilizador por sus ingredientes mágicos, aunque no conduzca a ninguna parte, pero abre el portillo a la esperanza, necesidad absoluta de la generación juvenil y de todas las generaciones jóvenes o adultas de todos los tiempos.


César R. Docampo

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